Autor: Antonio Campos Fernández
Verano de 1978 o 1979. Destacamento de Arenas de San Pedro, Guardias 2.os.
Nos encontrábamos prestando servicio de vigilancia de carretera en la C-502 (Ávila – Talavera de la Reina), yendo en el Land Rover de auxilio. Eran tiempos de tensión, en plena época de bombas de ETA. Yo iba como auxiliar de pareja acompañando a un gran veterano. Subíamos hacia el Puerto del Pico, en dirección a Ávila, cuando observamos en la margen derecha, junto a uno de los pretiles o quitamiedos de granito que protegen del desnivel, una bolsa oscura de viaje (de las que se llevan al hombro). Estaba semiabierta y no había absolutamente nadie en los alrededores.
Se bajó el jefe de pareja a echar un vistazo. Al volver a mi altura, se me acerca y me comenta que hay «unos aparatos como metálicos» en el interior. Por precaución, alejé el coche, me dirigí a pie hacia el objeto y comprobé que el comentario de mi compañero era cierto.
Ante la duda, acordamos liarnos «a peñascazos con la bolsa», como se dice en mi tierra. Le tirábamos piedras y cesábamos la pedrea cuando se acercaba algún vehículo. Como aquello ni explotaba ni hacía nada, y teniendo en cuenta que yo aún estaba soltero, le dije a mi jefe: —Voy a acercarme con un palo.
Y eso hice. La volqué con el palo y, como no pasaba nada, ya cogí la bolsa directamente y la vacié. Se acercó el compañero y confirmamos que aquellos tubos metálicos eran, en realidad, los teleobjetivos de una cámara de fotos.
Pasamos comunicación a la Central de Ávila, recogimos el material y lo entregamos en el Ayuntamiento de Cuevas del Valle. Posteriormente, nos enteramos de que unos turistas se habían acercado a la Comandancia de Ávila para comunicar que habían extraviado su bolsa de fotografía, teniendo que volver sobre sus pasos para poder recuperarla.