La puerta que nadie quiso abrir

En el año 1985, durante los meses de agosto y septiembre, en la denominada «Operación Verano», cuando me encontraba concentrado en Fuengirola y de servicio por su demarcación junto a un Sargento cuyo nombre no recuerdo, nos llamaron por la emisora para que nos dirigiéramos a La Cala de Mijas (demarcación de Mijas). Las fuerzas concentradas atendían varias demarcaciones y debíamos acudir a un incidente de lo que hoy se denomina violencia de género, que se estaba produciendo en unos apartamentos de La Cala de Mijas, junto a un camping situado en la entrada y antes de llegar a la conocida playa de «Los Cordobeses».

Una vez llegados al lugar, nos informaron de que un hombre muy agresivo, de nacionalidad marroquí, había atacado con un cuchillo a su esposa, causándole varios cortes en los brazos. La mujer había huido presa del pánico y se había refugiado en un apartamento que encontró abierto, ocupado por un matrimonio alemán. Sin embargo, antes de que pudieran cerrar la puerta, el agresor irrumpió violentamente en el interior y se enfrentó al matrimonio, especialmente al hombre cuando intentó defender a la mujer, propinándole diversos golpes y cortes.

La esposa logró salir corriendo del edificio junto con la otra mujer, pidiendo auxilio, ya que el agresor se había encerrado en el apartamento con un rehén.

Mientras el Sargento informaba de la situación a la Central Operativa, otro compañero del Puesto de Mijas y yo nos dirigimos al apartamento. Nos encontramos la puerta cerrada e intentamos abrirla a patadas, sin éxito, al tiempo que requeríamos a quienes se encontraban en el interior para que abrieran a la Guardia Civil.

Desde dentro no dejaban de escucharse gritos, golpes, ruidos y cristales rotos, indicios evidentes de la violencia que se estaba produciendo.

El compañero bajó mientras yo permanecía en la puerta y comunicó a mi Sargento lo que estaba ocurriendo, quien a su vez informó a la Central.

Cuando regresó, me dijo que ya se encontraban abajo el Sargento de Fuengirola y el Teniente, jefe de Línea de Fuengirola, que por cierto estaba de baja con un brazo en cabestrillo. También me comunicó que la orden recibida era clara: no se debía entrar en el apartamento.

Ante mi sorpresa, bajé para hablar con mi Sargento, perteneciente a mi propia unidad, y le manifesté que, si no se entraba pronto, acabaría habiendo alguien muerto. Su respuesta fue que estaban esperando la llegada del comandante Bayón, jefe accidental de la Comandancia.

Regresé a la puerta del apartamento y continuamos intentando que nos franquearan la entrada, sin conseguirlo.

Después de dos horas de angustiosa espera, apareció en el pasillo la propietaria del apartamento con una llave. Aprovechamos que se alejaba y, sin hacer ruido, abrimos la puerta. Entramos con las pistolas preparadas, como no podía ser de otra forma.

La puerta se resistía a abrirse porque un cuerpo tendido en el suelo lo impedía. Era el rehén.

Aprovechando que los gritos del agresor procedían de un ventanal exterior, arrastramos silenciosamente al rehén por el pasillo, lo bajamos por las escaleras y lo introdujimos en un vehículo oficial para evacuarlo a un centro médico.

Acto seguido, volvimos a subir al apartamento.

Abrimos nuevamente la puerta con la llave y nos adentramos en el interior. Todo estaba revuelto. El agresor se encontraba encaramado a la cornisa exterior del ventanal, profiriendo gritos dirigidos a quienes se encontraban abajo, entre ellos el comandante Bayón, jefe accidental de la Comandancia de Málaga.

Abrimos la ventana con la intención de convencerle para que depusiera su actitud y se entregara. Su reacción fue inmediata: se lanzó al vacío desde una altura aproximada de dos pisos, cayendo entre el césped y la acera interior del recinto y quedando inconsciente.

Avisé a quienes estaban abajo. Descendimos rápidamente y, junto a ellos, introdujimos al individuo en un Renault 4 del Cuerpo para su traslado.

Con ello concluyó la intervención, aunque no sin antes mantener una larga y acalorada discusión con el Teniente jefe de Línea, con el Sargento comandante de Puesto y, finalmente, con el comandante jefe accidental de la Comandancia.

Les hice ver que, ante una situación con rehenes y dada la extrema agresividad demostrada por el individuo desde el primer momento, la entrada debía haberse producido mucho antes y no después de dos horas de espera.

Resultado

Allanamiento de morada, secuestro con toma de rehenes, delito de lesiones y violencia de género.

Se instruyó atestado por un presunto delito de tentativa de homicidio sobre el morador del apartamento y rehén, que presentaba lesiones gravísimas: pérdida de un testículo, herida inciso-contusa de aproximadamente cuarenta centímetros en el abdomen con exposición de intestino al exterior y una profunda herida facial de doce centímetros que se extendía desde la nariz hasta la barbilla.

La esposa del agresor sufrió diversas heridas inciso-contusas en los brazos y la mujer alemana múltiples lesiones leves.

Quiero resaltar que no tengo constancia de que se realizara ningún parte específico ni de que existiera felicitación alguna, si es que llegó a producirse. Por supuesto, debieron instruirse las correspondientes diligencias, aunque yo nunca llegué a verlas durante el tiempo que permanecí concentrado en Fuengirola.

También observé cierto distanciamiento por parte de algunos mandos del Puesto y de la Línea, pues mi presencia dejó de resultar especialmente grata.

No buscaba reconocimiento alguno.

Sin embargo, tres o cuatro días después regresé de servicio por aquel lugar y me interesé por el estado de las víctimas preguntando a los propietarios del camping situado frente al escenario de los hechos.

Me informaron de que el hombre había sido trasladado en avión medicalizado a Alemania, en estado muy grave, acompañado por su esposa una vez estabilizado médicamente.

Mientras recibía esta información, un ciudadano inglés se acercó para estrecharme la mano. Se presentó como corresponsal del Daily Mirror y me explicó que había realizado varias fotografías de la intervención para enviarlas a la redacción en Inglaterra.

Me sorprendió enormemente, ya que yo me encontraba en el interior del inmueble y desconocía por completo ese detalle.

Me enseñó las fotografías y comentó:

—Esto saldrá en la prensa británica.

Le pregunté si podría facilitarme unas copias, ya que aparecía en ellas. Su respuesta fue inmediata:

—Quédeselas. Yo dispongo de los negativos.

Por supuesto, aquellas fotografías pasaron a ser mías y jamás las compartí con nadie.

Gracias a ellas puedo contar hoy esta historia, pues de otro modo habría quedado en el olvido como tantos otros servicios.

Cabe añadir que, cuando regresamos de la Operación Verano de 1985, varios compañeros de mi unidad que se encontraban concentrados en Nerja me comentaron que el capitán Espadas había estado escuchando las transmisiones por radio durante toda la intervención y no dejaba de repetir:

—¡Entrada inmediata, joder! ¡Hay un rehén!

Años después tuve ocasión de comentar personalmente con él lo sucedido, cuando ocupaba el empleo de general de la Zona de Extremadura, desde donde pasó posteriormente a la reserva.

Por entonces, cuando él ascendió a la 2.ª Sección del GAR en Lemóniz, yo fui destinado al Móvil de Sevilla, perteneciente a la Compañía de Málaga.

G. Civil 1.º A. Tejeiro

la puerta que nadie quiso abrir