La piedra

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                La fotografía que Marruecos no debería poder esconder

         Hay fotografías que deberían sacudir la conciencia de todo el mundo. La imagen que más arriba se reproduce, de un policía marroquí levantando una enorme piedra para arrojarla contra un joven que regresaba de la tragedia de Ceuta, es una de ellas.

         Y lo más indignante es la contradicción que esta crisis puso delante de nuestros ojos. Miles de jóvenes intentaban alcanzar Ceuta, numerosos agentes marroquíes aparecían facilitando y tolerando su marcha hacia la frontera. Y cuando aquellos muchachos, agotados, regresaban, algunos se encontraban con la violencia de los mismos aparatos de seguridad que habían permitido su avance. 

       ¿Es esa la forma en que un Estado trata a sus propios ciudadanos? 

        El régimen alauita tiene una responsabilidad política evidente en la gestión de sus fronteras y en el trato dispensado a su población. Un Estado no puede jugar con la desesperación de sus jóvenes utilizándolos como instrumento de presión política contra otro país y después abandonarlos a su suerte cuando el intento fracasa. 

         Ceuta no puede convertirse en una partida de ajedrez geopolítica en la que las piezas sean seres humanos.     

                                                                                                                                          Si la fotografía es auténtica y corresponde a los hechos que se han descrito, no estamos ante una simple imagen de un enfrentamiento. Estamos ante el retrato de una violencia que jamás debería normalizarse en pleno siglo XXI.

        Responsabilizo a quienes ejercen el poder y a quienes utilizan seres humanos desesperados como instrumentos políticos. La dignidad de un pueblo no se mide por la obediencia a un régimen, sino por la libertad y los derechos que ese régimen garantiza a sus ciudadanos.  

       Y aquí aparece otra pregunta que resulta inevitable: ¿de verdad algunos quieren que la final del Mundial de Fútbol de 2030 se celebre en Marruecos?

       Porque si una imagen como esta muestra a un agente de seguridad tratando de esa manera a un ciudadano, cabe preguntarse qué garantías tendrían los aficionados extranjeros que acudieran a ese país. 

      Un Mundial no es solamente fútbol. Es la celebración internacional que debe estar rodeadas de garantías de seguridad, respeto y dignidad para ciudadanos de decenas de países. 

     Si así se trata a ciudadanos propios en una situación de desesperación, ¿qué garantías se ofrecerán a los ciudadanos extranjeros que acudan al Mundial?

     La FIFA debería hacerse esta pregunta antes de convertir Marruecos en escaparate mundial. Y debería exigir respuestas claras sobre derechos, seguridad y actuación policial. 

    Porque un Mundial puede celebrarse en muchos lugares. Pero la dignidad humana no debería ser negociable.    

José Luis Borrero González