Educación vial

Propuesta para reforzar la educación vial desde las primeras etapas educativas

Estimados señores:

Me dirijo a la Dirección General de Tráfico con el propósito de trasladarles una propuesta que considero de vital importancia para la sociedad en la que vivimos y que, de una manera u otra, nos afecta a todos.

La seguridad vial es una cuestión que debería ocupar un lugar fundamental en la educación de nuestros jóvenes, independientemente de su edad, condición o lugar de residencia. Por ello, me permito plantear la siguiente propuesta:

1.           Creación de una asignatura obligatoria de Educación y SeguridadVial

Considero que debería crearse una asignatura de Educación y Seguridad Vial que tuviera exactamente la misma consideración que cualquier otra asignatura obligatoria del currículo escolar, como Lengua Castellana y Literatura, Matemáticas, Conocimiento del Medio u otras materias establecidas en cada etapa educativa.

No debería tratarse de una actividad complementaria, de unas charlas puntuales, de una campaña de concienciación o de una formación que se imparta únicamente en determinados momentos del curso. Debería ser una asignatura propiamente dicha, integrada de manera efectiva en el horario escolar y con la misma importancia y consideración que el resto de las materias obligatorias.

Debería contar con una programación educativa propia y con un seguimiento y una evaluación acordes con los criterios establecidos por cada centro educativo. Podría contemplar, según corresponda, evaluaciones periódicas, trimestrales, mensuales o exámenes, de la misma manera que sucede con las demás asignaturas, y siempre adaptándose a la edad y al nivel educativo de los alumnos.

Considero fundamental que la educación vial tenga esta consideración porque estamos hablando de algo que está por encima de cualquier otra materia: la vida y la integridad física de las personas.

Aprender matemáticas, lengua, ciencias o cualquier otra materia es, sin duda, importante para la formación de nuestros niños y jóvenes. Pero la educación debe comenzar por enseñarles también a proteger su propia vida y la de los demás.

Porque, en definitiva, si no somos capaces de preservar la vida, ¿de qué nos sirven todos los demás conocimientos?

Por este motivo, considero que la Educación y Seguridad Vial debería ocupar un lugar propio, estable y obligatorio dentro del sistema educativo, con la misma seriedad, continuidad y responsabilidad que cualquier otra asignatura.

2.  Formación progresiva desde los 6 hasta los 14 años

Esta formación podría comenzar a los 6 años y prolongarse hasta los 14, adaptando los contenidos a cada etapa educativa, desde Educación Primaria hasta el primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria.

A lo largo de esos años, los alumnos podrían adquirir progresivamente conocimientos relacionados con la seguridad vial, el comportamiento como peatones, ciclistas y futuros conductores, las normas de circulación, la prevención de accidentes, los riesgos asociados al alcohol y las drogas, la importancia del uso de los elementos de seguridad y, en definitiva, todo aquello que contribuya a una movilidad más segura.

El objetivo sería que, cuando los jóvenes llegasen a los 14 años, hubieran recibido una formación suficiente y unos conocimientos básicos que les permitiesen comprender los riesgos de la circulación y actuar con responsabilidad cuando comenzasen a utilizar determinados vehículos o, posteriormente, a obtener los permisos de conducción que correspondiesen.

A lo largo de mi vida profesional he podido comprobar en numerosas ocasiones que muchos conductores circulan sin ser plenamente conscientes de lo que ocurre a su alrededor. En controles y actuaciones relacionadas con accidentes, llegué a preguntar a algunos conductores qué habían observado durante los últimos 100 o 150 metros antes de llegar al punto en el que nos encontrábamos. En muchas ocasiones, la respuesta era que no recordaban haber visto prácticamente nada relevante.

En otras ocasiones, para comprobar el grado de atención de los conductores, detenía la motocicleta en el arcén, junto a una señal de STOP, y permanecía de pie en un lugar perfectamente visible. A pesar de ello, un porcentaje elevado de conductores no realizaba correctamente la detención o no respetaba la señal.

Realicé comprobaciones similares en las proximidades de semáforos, obteniendo resultados igualmente preocupantes. También pude comprobar, de forma reiterada, cómo algunos ciclistas y usuarios de patinetes no respetaban las normas de circulación, incluso en pasos y lugares en los que debían hacerlo.

Todas estas experiencias, vividas directamente durante mis años de servicio, me han llevado a la conclusión de que la educación vial debe comenzar desde el colegio. No podemos esperar a que una persona llegue a la edad de conducir para enseñarle a respetar las normas y a comprender los riesgos que existen en la vía pública. La formación debe comenzar desde la infancia y mantenerse de forma progresiva y adaptada a cada edad.

Es evidente que no podemos evitar todos los accidentes de tráfico, pero sí podemos trabajar para reducir su número y, sobre todo, sus consecuencias. Para conseguirlo, considero fundamental actuar desde la prevención y, especialmente, desde la educación vial. Si conseguimos que nuestros niños y jóvenes conozcan desde pequeños los riesgos de la carretera y aprendan a respetar las normas, estaremos dando un paso importante para conseguir conductores y usuarios de la vía más responsables en el futuro.

3.  Mi experiencia profesional como fundamento de esta propuesta

Actualmente estoy jubilado, pero he dedicado prácticamente toda mi vida profesional a la seguridad vial, acumulando cerca de cuatro décadas de experiencia directa en el ámbito del tráfico y la seguridad en carretera.

En agosto de 1978 ingresé en la Guardia Civil de Tráfico, desarrollando mi actividad profesional en El Vendrell, en la provincia de Tarragona. Permanecí en la Guardia Civil hasta el 31 de octubre de 2000.

El 1 de noviembre de 2000, con motivo del traspaso de las competencias de tráfico, pasé a formar parte de los Mossos d’Esquadra. Continué desempeñando mi labor exactamente en el mismo lugar y realizando las mismas funciones relacionadas con el tráfico y la seguridad vial. En la práctica, lo que cambió fue el cuerpo policial al que pertenecía, así como el uniforme y las instalaciones.

Continué desarrollando esta actividad profesional en los Mossos d’Esquadra hasta mediados de 2016, momento en el que se produjo mi jubilación forzosa.

Durante todo este periodo, desde agosto de 1978 hasta mediados de 2016, he estado vinculado de forma directa y continuada al tráfico y a la seguridad vial, lo que me ha permitido conocer de primera mano la realidad de nuestras carreteras, los comportamientos de los conductores y las numerosas circunstancias que pueden influir en la producción de un accidente.

Por todo ello, me gustaría que la Dirección General de Tráfico estudiase esta propuesta y, si la considera adecuada, la trasladase al Ministerio del Interior, como organismo competente, para valorar la posibilidad de implantar una formación vial obligatoria y continuada desde las primeras etapas educativas.

Para mí sería una gran satisfacción que una propuesta nacida de tantos años de experiencia profesional pudiera ser estudiada y, en la medida de lo posible, contribuir a mejorar la seguridad de todos los usuarios de nuestras carreteras.

Considero que educar en seguridad vial desde la infancia no solo puede formar mejores conductores en el futuro, sino también mejores peatones, ciclistas y ciudadanos.

Agradezco de antemano la atención prestada a esta propuesta y quedo a su disposición para ampliar, explicar o desarrollar cualquiera de los puntos expuestos.

Atentamente:

Antonio Martínez Gómez