En el 182 aniversario -de los de verdad- de la fundación de la Guardia Civil hay tres verdades históricas que ningún guardia civil ni español honrado debería olvidar jamás.
La primera: la derrota del bandolerismo. España llevaba décadas sufriendo una lacra que nadie había sido capaz de erradicar hasta la llegada de la Guardia Civil. Su despliegue territorial, su disciplina y su presencia permanente donde nadie quería ir devolvieron la seguridad a caminos y pueblos.
La segunda: la derrota del maquis. Ni el Ejercito ni otras policías lograron acabar eficazmente con aquella amenaza. Fue la Guardia Civil, viviendo sobre el terreno, conociendo cada sierra y cada pueblo, quien sostuvo el peso de aquella lucha.
La tercera: la derrota de ETA. Si la Guardia Civil no hubiese estado presente en las calles, en los pueblos y en las carreteras de las Vascongadas y Navarra, ETA habría podido doblegar al Estado. La sangre derramada por cientos de guardias civiles evitó esa derrota a España.
Todo esto está documentado, acreditado y demostrado históricamente. No es propaganda ni relato interesado. Es la verdad de los hechos y de la historia de España. Porque España no sería hoy lo que es sin la Guardia Civil.
La Guardia Civil siempre estuvo donde estaba el peligro, donde nadie quería servir y donde España necesitaba presencia real de Estado.
Por mucho protagonismo que otros hayan buscado durante décadas, no existe una policía en el mundo que iguale la historia, sacrificio y la eficacia de la Guardia Civil.
Y por eso sigue resonando más vigente que nunca aquella frase inmortal:
“¡Qué buen vasallo si hubiese buen señor! Quién tenga oídos que los utilice y aprenda a no dejarse llevar por otros que utilizan intereses espurios.
José Luis Borrero González.