Autor: Antonio Campos Fernández
Década de los 80. Un Cabo 1.º de Atestados y un Guardia Civil auxiliar veterano, ambos curtidos en servicios. Destacamento de Cartagena, en el cruce de la N-332 (Almería-Valencia) con las carreteras locales MU-311 y MU-312, en la travesía de El Algar, término municipal de Cartagena.
Recibimos el aviso de una pareja de motoristas de la Policía Militar (P. M.) del Subsector por una colisión entre dos turismos, sin heridos. A nuestra llegada, también se encontraba allí una pareja del Puesto territorial, así como los ocupantes de ambos vehículos. Los compañeros del Puesto conocían al conductor de uno de los coches (era de una pedanía próxima), y ambas parejas me informaron de que a este individuo le constaba una requisitoria en vigor por un Juzgado de Cartagena.
Por ello, atendí primero a los ocupantes del otro vehículo para que pudieran marcharse. Tras comprobar que, efectivamente, la requisitoria seguía activa —a pesar de que el individuo insistía en que «estaba solucionado»—, le dije que nos tenía que acompañar hasta Cartagena para entregarlo en el Juzgado el lunes, al tratarse de un fin de semana.
Lo montamos en nuestra furgoneta y nos preguntó si podíamos acercarle hasta la casa de su hermana, que vivía en una calle próxima, para que ella avisara a su madre de que se iba con nosotros. Accedí. Llegamos hasta el domicilio que nos indicó; en la puerta de la calle había varias niñas jugando. Una de ellas se acercó y, tras llamarlo «tito», le dio un beso. Él le preguntó a su sobrina por su cuñado, a lo que la niña respondió que estaba en el bar. Entonces, nos pidió permiso para entrar un momento en la casa y hablar con su hermana.
Tras un largo rato esperando, le dijimos a la niña que entrara a avisar a su tío de que nos teníamos que ir. La niña volvió y nos respondió que su tío ya no estaba, que había salido por la puerta lateral de la casa.
Nos dirigimos a su pueblo, que estaba allí cerca, para informar a su madre y pedirle que su hijo se presentara inmediatamente por el Cuartel en Cartagena. Ella nos respondió que aún no había llegado a casa ni sabía dónde estaba.
El lunes a primera hora, el tipo se presentó en el Destacamento con un escrito del Juzgado. Se había personado allí momentos antes y, tras su comparecencia, el juez le había anulado la requisitoria. A partir de ese día, aprendí la lección: supuesto delincuente detenido, grilletes colocados.