Autor: Antonio Campos Fernández
Verano de 1976. Puesto de Sedano, Guardias 2.º.
Salimos de correría a pie; yo iba como auxiliar de pareja con un compañero veterano. Él decidió que nos situáramos en la subida al Puerto de Carrales, en la N-623 (la carretera de Burgos a Santander). Allí existía una curva casi de herradura con mucha visibilidad, pero con línea continua en ambos sentidos.
En un momento dado, llega un Simca 1200 con matrícula de Santander que rebasa íntegramente la línea y pisa el carril izquierdo. Mi compañero le da el alto para denunciarlo.
Inmediatamente se baja la esposa del conductor protestando por la multa. Momentos después, mientras ella se quejaba, llega otro vehículo que repite exactamente la misma infracción frente a nosotros. Para intentar que entrara en razón, le digo a la mujer: —¿Ve lo que está haciendo ese coche? Pues igual lo ha hecho su marido.
El segundo vehículo llega a mi altura y, para mi desgracia, dejo que continúe su marcha sin pararlo. En ese preciso instante, la señora y el conductor se dan cuenta del detalle y empiezan a amenazarnos, diciendo que se iban a ir directos al Gobierno Civil de Santander para contar que a ellos los habíamos denunciado y al otro coche no.
Ante la que se nos venía encima por mi novatada, la decisión del compañero veterano fue rápida y tajante: —Continúen su viaje, que vamos a romper la denuncia.
Y, efectivamente, la rompió delante de ellos, no sin antes advertirles: —Pero no vuelvan a hacerlo.