¿Lenguaje coloquial o un preocupante mensaje?

TÍTULO: ¿Lenguaje coloquial o un preocupante mensaje?

La Guardia Civil se ha distinguido durante 182 años por una máxima incuestionable: la disciplina y el respeto mutuo son pilares esenciales de la institución. Sin ellos, la cadena de mando pierde su verdadero sentido.

Por eso sorprende que, cuando trascienden expresiones de extraordinaria dureza entre mandos de la máxima graduación y una resolución judicial considera que los hechos no deben tramitarse, muchos guardias civiles se pregunten qué mensaje acaba llegando a quienes cada día visten el uniforme. Nadie discute que los tribunales son los únicos competentes para interpretar y aplicar la ley. Sus resoluciones deben ser respetadas. Pero respetar una decisión judicial no impide discrepar de ella desde el plano de la opinión jurídica o institucional.

Los guardias civiles reciben una formación permanente en disciplina, corrección y respeto. Se les exige un comportamiento ejemplar incluso con quienes acaban de detener. Deben mantener la calma, evitar expresiones ofensivas y actuar con absoluta profesionalidad, incluso en situaciones de enorme tensión.

Si ese es el nivel de exigencia para un guardia civil en la calle, ¿cómo no va a exigirse, como mínimo, el mismo nivel a quienes ostentan las más altas responsabilidades del Cuerpo?

La ejemplaridad no puede empezar por abajo. Debe empezar por arriba. La historia de la Guardia Civil demuestra que los conflictos entre mandos nunca han beneficiado a la Institución. Al contrario, han deteriorado su imagen y debilitado la autoridad moral de quienes estaban llamados a ejercer el mando con serenidad y prudencia.

Las palabras importan. Mucho más cuando proceden de quienes representan la máxima autoridad profesional. El respeto no es una formalidad; es el fundamento de la disciplina.

Por eso, más allá del recorrido judicial que pueda tener cualquier asunto, la verdadera reflexión debería ser otra: ¿es ese el modelo de comportamiento que queremos transmitir en las academias a los futuros guardias civiles? Porque si a un alumno se le exige respeto absoluto hacia sus superiores, hacia sus subordinados y hacia los ciudadanos, resulta lógico esperar el mismo comportamiento de quienes ocupan la cúspide de la Institución.

La autoridad no se impone elevando el tono ni recurriendo a expresiones despectivas e insultantes. La autoridad se conquista con el ejemplo.

Y ese ejemplo, en una institución como la Guardia Civil, vale mucho más que cualquier resolución o cualquier empleo. El prestigio de un Cuerpo con más de 182 años de historia depende, sobre todo, de que quienes lo dirigen sean los primeros en demostrar el respeto, la prudencia y el honor que exigen a los demás.

La historia de la Guardia Civil demuestra que las palabras nunca son inocentes. En distintas épocas, las ofensas al honor y las tensiones entre miembros del Cuerpo han desembocado en episodios de extraordinaria gravedad, algunos con consecuencias irreparables. Precisamente por conocer esa historia, el respeto entre compañeros y, especialmente, entre mandos y subordinados, ha sido siempre una exigencia irrenunciable. Por eso resulta tan importante desterrar cualquier forma de intimidación o lenguaje impropio de una institución cuya principal fortaleza ha sido siempre la disciplina, el honor y el ejemplo.

José Luis Borrero González