1908

TÍTULO: 1908: El memorial que plantea una pregunta incómoda.

¿Dónde están los caídos anteriores si la Policía existía desde 1824? En el complejo policial de Canillas (sede de los servicios centrales de la Policía Nacional), sito en el distrito de Hortaleza, en el barrio de Canillas (Madrid), calle Julián González Segador, $s/n$, 28043, existe un mosaico —ver fotografía de arriba— dedicado al Memorial a los caídos en acto de servicio, que comprende desde febrero de 1908 hasta julio de 1936, con un total de 159 policías recordados por haber perdido la vida en cumplimiento del deber, que comienza con José Poveda Marroquí y finaliza con José Castillo Sáenz de Tejada.

El homenaje merece respeto. Todo servidor público que entrega su vida al servicio del Estado y de la sociedad merece memoria y reconocimiento.

Pero precisamente porque la memoria institucional es algo serio, surge una pregunta histórica incómoda que nadie parece dispuesto a responder. Si la Policía Nacional sostiene oficialmente que su origen y continuidad institucional arrancan en 1824, con presencia y servicios permanentes al Estado durante más de dos siglos, ¿cómo se explica que un memorial oficial de caídos comience en 1908?

La cuestión no es menor. Porque si realmente hubiese existido un cuerpo policial con despliegue nacional continuo desde 1824 dedicado a la persecución del delito y al mantenimiento del orden público, lo razonable sería encontrar: funcionarios fallecidos en acto de servicio anteriores a 1908; registros de actuaciones; memoria institucional; expedientes o reconocimientos históricos; y una cadena documental coherente de sacrificio profesional.

Sin embargo, la cronología del memorial plantea una duda difícil de ignorar. Y esa duda se vuelve aún más llamativa cuando se consulta el denominado Libro de Oro de la Policía Gubernativa de funcionarios caídos en defensa del orden público, cuya relación conocida arranca en torno a 1906 hasta 1953.

La pregunta surge sola: ¿dónde están entonces los supuestos caídos entre 1824 y comienzos del siglo XX? Estamos hablando de más de ochenta años. Ochenta años durante los cuales, según el relato oficial del bicentenario, habría existido una Policía presente por todo el territorio nacional.

Resulta difícil comprender que un cuerpo de tales características:

  • No registre fallecidos conocidos.
  • No los recuerde oficialmente.
  • No los incorpore a sus principales memoriales.

No se trata de una acusación gratuita. Se trata de una contradicción documental que merece explicación. Porque la experiencia histórica demuestra que allí donde existe una institución armada o de seguridad con despliegue real y continuado, aparecen inevitablemente rastros de sacrificio:

  • Bajas, expedientes, homenajes, órdenes de servicio, reconocimiento y memoria institucional.

Así ocurre en los ejércitos. Así ocurrió con la Guardia Civil desde sus primeras décadas. Y así debería ocurrir con cualquier cuerpo policial que afirme dos siglos de continuidad operativa. Por eso el memorial de Canillas no solo homenajea, también interpela. Interpela al historiador e inspector de policía jubilado, ideólogo del falso bicentenario, Martín Turrado Vidal. Interpela a la Dirección General de la Policía. Interpela al Ministerio del Interior. Interpela al Gobierno de España y, sobre todo, a quienes han avalado académicamente el relato del bicentenario sin explicar estas lagunas documentales, especialmente a la doctora en historia y profesora de la Universidad Complutense María Dolores Herrero Fernández Quesada.

Porque la cuestión es sencilla: si hubo policía desplegada por todo el territorio nacional y activa desde 1824, ¿dónde están sus caídos anteriores a 1908? ¿Dónde están sus nombres? ¿Dónde sus expedientes? ¿Dónde sus reconocimientos? ¿Dónde su memoria?

No basta con afirmar continuidad. La continuidad debe demostrarse, y cuando una institución reivindica casi un siglo de existencia previa sin reflejo claro en sus propios memoriales de sacrificio profesional, la pregunta deja de ser anecdótica y pasa a convertirse en un problema historiográfico legítimo.

¿Estamos ante una continuidad institucional demostrada o ante un relato construido retrospectivamente cuya memoria documental comienza mucho más tarde de lo que se proclama?

La historia no se construye sobre convicciones. Se sostiene sobre pruebas, y la memoria institucional, cuando es verdadera, deja huellas difíciles de borrar.

José Luis Borrero González