TÍTULO: Gracias, juez Pedraz
En tiempos donde demasiados intentan convertir la Justicia en un campo de batalla política, conviene reconocer a quienes recuerdan que la ley debe estar por encima de cualquier interés partidista. Por eso quiero dar las gracias al magistrado de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz. No porque un juez deba agradar a nadie, sino precisamente porque su obligación es investigar cuando existen indicios y proteger la independencia judicial frente a cualquier posible presión o interferencia.
El magistrado investiga una presunta trama dirigida a obstaculizar o desestabilizar procedimientos judiciales que afectaban al PSOE o al Gobierno, con actuaciones que han incluido requerimientos de documentación y diligencias relacionadas con la UCO y la Guardia Civil.
Muchos ciudadanos ven en estas decisiones un mensaje claro: los investigadores de la UCO y la Policía Judicial deben trabajar con libertad, sin sospechas de presiones ni injerencias internas o externas. Porque un asunto declarado secreto no puede convertirse en terreno para averiguar qué se investiga, a quién afecta o cómo avanza una causa judicial. La Justicia no puede depender del color político del investigado ni del interés del poder de turno.
España necesita jueces valientes y también investigadores protegidos por la ley. No hablo de izquierdas o derechas. Hablo de algo mucho más importante: del derecho de los ciudadanos a creer que la justicia es igual para todos.
Hay partidos políticos que parecen sentirse cómodos cuestionando investigaciones cuando afectan a los suyos y aplaudiéndolas cuando afectan al adversario. Ese doble rasero es profundamente corrosivo para la democracia. Si algún día aceptamos como normal que las investigaciones judiciales dependan del clima político, de la comodidad del Gobierno de turno o de la presión sobre quienes investigan, habremos cruzado una línea muy peligrosa.
La UCO, como cualquier unidad de Policía Judicial, debe responder ante jueces y fiscales, no ante intereses coyunturales ni estrategias partidistas. Por eso, más allá del desenlace judicial concreto, la actuación del juez Pedraz ha sido un respaldo a un principio elemental: los investigadores deben poder trabajar sin miedo y sin sospechas de represalias o interferencias. Y esto nos debería alegrar a todos los ciudadanos. Al padre que quiere creer que la corrupción se investiga sin mirar colores políticos. A la madre que espera que la ley sea igual para todos. Al trabajador que paga impuestos y desea que las instituciones no se conviertan en trincheras partidistas.
Porque cuando un juez actúa con independencia, gana algo más que un procedimiento judicial: gana la credibilidad del Estado de derecho.
Gracias, juez Pedraz.
José Luis Borrero González