OCON-SUR no era un hombre

TÍTULO: OCON-SUR no era un hombre: era la eficacia de la Guardia Civil frente al narcotráfico

Resulta profundamente sorprendente leer el 13 de mayo de 2026, en el Diario de Cádiz, un artículo firmado por su redactor jefe, Pedro M. Espinosa, titulado «La imposible recuperación de OCON-SUR», en el que prácticamente se viene a trasladar a la opinión pública la idea de que la unidad no podría volver a funcionar debido a los procedimientos judiciales que afectan al teniente coronel David y porque, según se desprende del artículo, él «lo era todo» dentro de aquella estructura.

Con todos los respetos hacia el redactor jefe, esa afirmación no solo es profundamente injusta con la Guardia Civil, sino que además es extraordinariamente equivocada.

Porque si algo caracteriza históricamente a la Guardia Civil no es la dependencia de una sola persona, sino precisamente su capacidad de trabajo en equipo, su estructura territorial y la existencia de mandos, jefes, oficiales, suboficiales y guardias civiles perfectamente preparados para asumir cualquier misión, por compleja que sea.

Reducir el éxito de OCON-SUR a un único hombre supone desconocer completamente cómo funciona la Guardia Civil.

Sí, el liderazgo es importante. Por supuesto que lo es. Un mal jefe puede perjudicar un servicio. Pero ningún operativo de semejante dimensión habría funcionado jamás sin equipos preparados, sin información compartida, sin agentes sobre el terreno y sin una estructura colectiva perfectamente coordinada.

La grandeza de la Guardia Civil nunca estuvo en el culto a personalismos. Su grandeza ha estado siempre en el equipo. Así derrotó al bandolerismo. Así combatió al maquis. Así ayudó decisivamente a derrotar a ETA. Y así puede volver a golpear al narcotráfico si existe verdadera voluntad política.

Porque el problema real nunca fue la falta de capacidad operativa de la Guardia Civil. El problema llegó cuando se desmanteló una estructura que estaba haciendo daño de verdad a las organizaciones criminales del narcotráfico. Y eso es precisamente lo que muchos parecen olvidar interesadamente.

OCON-SUR no incomodaba a pequeños delincuentes. Incomodaba a estructuras criminales multimillonarias. Estaba golpeando donde más dolía. Y los resultados eran visibles: presión constante, investigaciones complejas, operaciones coordinadas y una sensación creciente entre los narcos de que el Estado empezaba realmente a cerrarles el cerco.

Por eso resulta muy peligroso trasladar ahora a la sociedad el mensaje de que aquella unidad era irrepetible porque un determinado mando tenga actualmente procedimientos judiciales abiertos.

Primero, porque en un Estado de derecho toda persona tiene derecho a la presunción de inocencia. Y será la justicia, sobre la base de pruebas, la que determine finalmente cualquier responsabilidad, no los titulares periodísticos ni las insinuaciones interesadas.

Y segundo, porque insinuar que, sin una persona concreta, la Guardia Civil no puede reconstruir una unidad eficaz, supone un desprecio implícito hacia el enorme potencial humano y profesional que existe dentro del Cuerpo.

En la Guardia Civil hay jefes y oficiales sobradamente preparados para liderar una nueva estructura contra el narcotráfico con iguales o incluso mejores resultados. Lo único que hace falta es voluntad política. Nada más.

Porque cuando el Estado quiere combatir seriamente una amenaza, la Guardia Civil siempre termina respondiendo. Lo hizo frente al terrorismo. Lo hace frente al crimen organizado, y puede volver a hacerlo frente al narcotráfico.

Por eso sorprende enormemente leer un artículo que parece transmitir resignación o fatalismo, como si Andalucía tuviese que aceptar que las narcolanchas han ganado definitivamente la batalla. Eso sería tanto como admitir la derrota del Estado. Y España jamás derrotó al terrorismo ni al crimen organizado desde el derrotismo, sino desde la determinación, la inteligencia operativa y el apoyo firme a quienes estaban sobre el terreno.

Además, conviene recordar algo esencial: las investigaciones judiciales abiertas no equivalen a condenas. Y en el caso concreto del teniente coronel David, habrá que esperar a lo que determinen finalmente los tribunales. Porque cada vez son más quienes sospechan que toda aquella operación contra determinados mandos y contra OCON-SUR pudo responder más a intereses de descrédito y desgaste que a otra cosa.

El tiempo y la justicia hablarán. Pero, mientras tanto, intoxicar a la opinión pública insinuando que la Guardia Civil ya no puede reconstruir una unidad eficaz contra el narcotráfico porque «faltaría» una persona concreta resulta profundamente irresponsable; la Guardia Civil lo haría nada más lo ordenase el Ministerio del Interior.

La Guardia Civil lleva casi dos siglos demostrando exactamente lo contrario. Sobrevive a gobiernos. Sobrevive a campañas. Sobrevive a ataques externos y sobrevive porque está formada por hombres y mujeres que entienden el servicio como una misión colectiva y no como un escaparate personal.

En pleno siglo XXI no se puede escribir sobre seguridad pública desde la superficialidad, el fatalismo o la simplificación interesada.

Porque mientras algunos escriben artículos desde un despacho, los guardias civiles se juegan la vida cada noche en las costas andaluzas frente a organizaciones criminales cada vez más violentas.

Y esos guardias civiles merecen algo mejor que titulares derrotistas. Merecen apoyo, medios y confianza en su capacidad. Porque si algo ha demostrado la historia de España es que cuando la Guardia Civil recibe respaldo real, las amenazas terminan retrocediendo.

José Luis Borrero González