Corrupción, doble rasero y silencios incómodos

TÍTULO: Corrupción, doble rasero y silencios incómodos

Si hoy gobernara el PP y estuviera rodeado por un clima de sospechas, escándalos y acusaciones de corrupción como el que ocupa los titulares, nadie duda de que buena parte de la izquierda movilizaría todos sus recursos políticos, mediáticos y sociales para amplificar el problema. La visita del Papa se convertiría en un escaparate para denunciar la situación y el Mundial de fútbol sería presentado como una oportunidad para internacionalizar la crítica y señalar ante el mundo la degradación institucional española.

Sin embargo, cuando cambian los colores del poder, también parecen cambiar muchas conciencias. Lo que antes era motivo de pancartas, campañas y movilizaciones pasa a convertirse en prudencia, silencio o cálculo político. Ese doble rasero erosiona la credibilidad de quienes convierten la corrupción en bandera solo cuando afecta al adversario.

Resulta igualmente llamativo que desde determinados ámbitos morales y religiosos se dediquen amplias reflexiones a los desafíos tecnológicos, a la inteligencia artificial o a los riesgos del futuro, asuntos sin duda importantes, mientras el drama presente de la corrupción política, el deterioro institucional y la pérdida de confianza ciudadana apenas merecen pronunciamientos igual de contundentes.

La tecnología puede deshumanizar, ciertamente, pero también lo hacen la corrupción, el abuso de poder y la resignación ante quienes administran lo público como si fuera patrimonio propio. Quizá el problema no sea únicamente la inteligencia artificial, sino la escasez de inteligencia moral y valentía cívica para denunciar el deterioro cuando afecta a los que están actualmente en el poder.

Porque la corrupción no debería tener ideología, ni el silencio depender del color del gobierno de turno. Cuando la indignación es selectiva, deja de ser justicia para convertirse en estrategia.

José Luis Borrero González