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LXX PROMOCIÓN DE LA GUARDIA CIVIL

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Concentración en Melilla en el año 1985

            Corría el año 1985, mes de noviembre, estaba destinado en la 3ª Compañía Móvil de Sevilla y con zonas de actuación asignadas, Málaga-Jaén Almería-Granada y Melilla.

            La 2º Cía. (Puerto de Sant. María), tenía Cádiz-Huelva y Ceuta.

            La 1ª Cía. Sevilla, Córdoba-Sevilla y Canarias, si mal no recuerdo.

            En el mes de noviembre, en Melilla, debido a la Ley de Extranjería, se estaban produciendo disturbios protagonizados con los vecinos marroquíes cuyo líder Bereber, no era otro que Aomar Mohameddi Dudú, un político local nacionalizado español (cuando le interesaba) y que era el principal agitador de las masas.

Cuadro de texto: AOMAR MOHAMEDI DUDÚ 1985(Foto de la época).

            El detonante era la Ley de Extranjería, y que, con el resultado de la muerte de un manifestante de origen marroquí a manos de un vigilante jurado por intento de robo, creo recordar, se enturbio el clima de convivencia que siempre hubo en la ciudad de Melilla.

            Como líder de un partido local y con opciones de entrar en el equipo de gobierno de la ciudad autónoma aprovechó la ocasión para darse si cabe más a conocer.

            Consiguiendo con ello que la pacífica ciudad de Melilla entrase en el caos, eso sí por poco tiempo.             Pues poco después de se Autoexilio al país vecino, concretamente a Nador, población cercana y de dominio plenamente marroquí, nada es de

extrañar que, para ser formado por marruecos como agente doble, regresando a Melilla 11 años después.

(Foto de 2023)

Aclarado el personaje, una mañana al llegar a mi compañía en el Cuartel de Los Ángeles, nos reúnen para comunicarnos que preparemos ropa para tres días porque al día siguiente nos íbamos a Melilla con todo el material disponible.

Los vehículos oficiales (que luego dejaríamos en Melilla) embarcarían en el ferry “El Melillero”, mientras que nosotros dos secciones al mando de 2 Ttes., lo haríamos en avión militar creo que era un hércules.

Un Tte. hacía de teniente comandante de la Cía., mientras que el otro era jefe de una sección.

Nos citan al día siguiente y reparten mochilas para todo aquel que quiera (yo me apunto), pues estaba tan acostumbrado a ellas que la echaba en falta, al tiempo que te dejaba las manos libres

Nos trasladan a la base aérea de Málaga paralela a la terminal civil, en autobuses y nos embarcan en un hércules, empezamos a entrar por la rampa de acceso posterior, y una vez acomodados se sube el material, cascos escudos, pelotas de goma, botes de huma, lacrimógenos ete.

La fatalidad quiso que por una manipulación errona, un golpe u otra causa un bote de humo se acciona y comienza a salir humo en el interior del avión, afortunadamente aún en tierra y con la rampa todavía abierta.

Como no podía ser de otra forma, saltaron todas las alarmas y evacuamos el avión en menos de dos minutos, quedándonos en la pista hasta resolver la incidencia, que si bien tardo poco más tardamos en entrar, ya que se hizo un chequeo a más concienzudo a dicho material, empezamos bien.

Al cabo de 1 hora más o menos, embarcamos y partimos a Melilla tomando tierra en unos 45 minutos aproximadamente.

Desembarcados a pie de avión recogimos nuestras, pertenencias y nos desplazamos hasta la terminal, donde nos esperaban los vehículos llegados la tarde/noche anterior. Y algunos mandos del cuerpo.

Me dirigía hacia la terminal, con mi mochila a la espalda, cetme sujeto a ella y mis manos libres.

Según nos acercamos, observo un grupo de compañeros y un capitán, que el principio no reconocí (entre otras cosas porque no esperaba verle por esas tierras), se trataba ni más ni menos que Carlos Más Pérez “Cobra 00”, capitán de la 1ª Cía. del GAR (Bilbao), que tras una sonrisa me hizo dirigirme a él saludándonos militarmente y estrechando nuestra mano, mientras me decía:

“Tejeiro, estaba comentando a los compañeros que, aquel que lleva la mochila a la espalda, ha estado en el GAR”, refiriéndose a mí.

Continuamos con una breve charla hasta la llegada de mis Ttes. Que llegaron para saludarle.

Era el capitán, encargado de recibirnos y trasladarnos a donde se suponía iba a ser nuestra residencia, unos barracones en un cuartel, provistos de literas de dos en una sola planta y debidamente alineadas e fila.

Total, para 69-70 personas, en una de las esquinas había unas 10 literas debidamente colocadas para formar un cuadrado con espacio para entrar, las mismas estaban cubiertas con unas colchas verdes con su escudo central del rombo del cuerpo en amarillo, que tanto hemos visto en la vida militar, por todo su perímetro a excepción de un huego dejado a modo de entrada al habitáculo formada por ellas.

Esta iba a ser, sin duda la habitación de los cabos y Sartº.

Sin un duro, fuimos a Melilla sin adelanto de dietas y presumiblemente para tres días, comíamos en la comandancia por turnos, por falta de espacio y por no estar habituados a dar tantas comidas. Y un comandante el jefe de la Comandancia de Melilla nos dijo quela comida seria abonada una vez dispusiéramos de las dietas correspondiente, que de momento la comandancia asumía dicho coste.

A día siguiente por los mandos directos de mi compañía se organizan los servicios, relevos, patrullas etc. Para de esta forma dar visibilidad al despliegue de fuerza del cuerpo, patrullas fronterizas y visibilidad sobre las zonas más problemáticas, todo ello con nuestro equipo antidisturbios al completo.

Dichos servicios, se enfocaban principalmente sobre la impermeabilización de la frontera.

            Por otra parte, había una compañía de la P. Nacional de León que había relevado a otra de LA Coruña (la cual, dicho sea de paso, salió mal parada) pues acabaron con todo el “ZZ perfumado” de las farmacias y alguno con algo más serio.

Dado el horario de los servicios 6-14; 14-22 y 22-06 dormir en el barracón se hacia imposible, unos se iban otros venían, un caos para el descanso para una habitación de 70 personas bajo el mismo techo.

            Por otra parte, observábamos como los compañeros de la P. Nacional estaban en hoteles, en habitaciones de dos personas, cosa que nos indignaba más.

            Por parte de dos guardias, dos cabos y dos Sartº, se traslada a los mandos naturales que la situación es insostenible, proponiendo buscar hoteles en la zona, elevando a consulta del Jefe de la comandancia dicha petición.

            Yo, por mi parte se lo hice saber, al capitán Más de forma informal y fuera de protocolo, de las carencias en que nos encontrábamos y las dificultades en los descansos cuando salíamos y regresábamos de servicio.

Al cuarto día la inmensa mayoría, fuimos alojados en el hotel Ánfora y otros pocos en otro hotel cuyo nombre no recuerdo, pero estaba justo enfrente.

        Todo ello a sabiendas que el abono seria una vez recibida las dietas al precio establecido.

Fueron pasando los días, semanas y salvo alguna escaramuza con grupos musulmanes, la situación fue normalizándose.

Los policías volvían a casa sin relevo y nosotros patrullando por la frontera, ahora con la excusa de que había que levantar más la valla fronteriza, lo que podría llevar meses.

Esto ya no estaba en nuestros planes, y mucho menos en el mío.

Yo, con 32 años, mi señora con algo menos y mi hijo de 5 años, hablábamos a diario, pero la situación nos desbordaba, lo que parecía una salida de 3-6 días se había convertido en 20 días.

A esta situación particular, se añadía que mi mujer hacia 4 meses había tenido el aborto de una

niña y aunque anímicamente lo íbamos superando, no era esta la mejor forma de reconducir la situación.

 Pues ella necesitaba de mi apoyo más que nunca y yo no podía hacer nada para remediarlo.

Las horas se hacían días, y los días semanas.

Cada llamada, un lamento, cada lamento una depresión, cada depresión un llanto, la situación era insostenible. Le prometí que pronto estaría en casa.

            A los 20 días, más o menos, tenia tarde de 14-22, patrulla por la frontera, tomamos café y alguna copita de anís, mi favorita “El Trepador” o “El chulo de Badalona”, como llamábamos algunos al anís El Mono.

            Al terminar el servicio, regreso al hotel, no sin antes pasar por el bar del hotel, situado en la última planta y en la que se podía disfrutar de alguna chica nativa de compañía, aunque nunca fue mi caso.

            Me tome dos copas de anís y me fui a mi habitación en la 3ª planta, al entrar mi compañero de habitación Claros hablaba con su mujer por teléfono, con lo que le salude y me volva al bar, me tome otras dos copas para hacer tiempo.

            Bajé a mi habitación y en el pasillo, cabreado y lleno de…. y de rabia, pegué un puñetazo al tabique debidamente enrasado del pasillo, en el que no se veía una sola columna.

            La mala suerte, la dureza del golpe y una columna de hormigón (debidamente enrasada al tabique y no visible), hizo el resto.

            Las columnas de hormigón que sujetaban la estructura del edificio, estaban en el mismo plano, por lo que nunca imaginé que el lugar elegido para golpear la pared, escondiera la columna, columna que no era culpable de nada.

            Consecuencia, fractura del 3º metacarpiano de mi mano derecha.

            Producido el hecho, entre en mi habitación junto a otro compañero y el guardia Claros, cuando me vio corto su conversación con su mujer y vino a ver mi mano que tenia totalmente deformada debido a la curva formada por el hueso fracturado, sin llegar a ser herida abierta.

            A medida que pasaba el tiempo, se incrementaba el dolor, y fui urdiendo lo acontecido y diciéndolo en voz alta para los dos compañeros que estaban junto a mí.

            Uno se fue a avisar al Tte., mientras yo insistía como había ocurrido, solo mi versión de lo ocurrido.

            Al regresar de servicio sobre las 22`15 horas cuando subía las escaleras del hotel  hacia mi habitación en el 3º piso, tropecé de forma fortuita cayendo sobre los escalones y al apoyar mi mano derecha para tratar de golpearme en los escalones me produjo una fractura del 3º metacarpiano de la mano derecha.

Como no podía ser de otra forma, el hecho fue presenciado por un compañero, el que luego me acompaño al Hospital militar junto a “Claros”.

Fui trasladado al hospital militar, donde una vez reducida la fractura por estiramiento del dedo corazón y acoplado en su lugar, me fue vendada la mano, radiografiada y una vez comprobada que estaba en el lugar adecuado, se procedió a escayolar desde la mano al antebrazo.

Me atendió un capitán médico y una enfermera jefa que resulto ser la hija del Tte. General de la Región Militar de Sevilla.

Al día siguiente, hable con mis tenientes, y estaba de baja para el servicio y de paisano, pidiéndole que me pasaportaran para Málaga, cosa que no hicieron pues tenían que despacharlo con el jefe de Melilla.

Llevaba 20 días ya en Melilla, me fui al aeropuerto y compré un pasaje en avión abierto, sin fecha.

Llegaba a Melilla el General de la Guardia Civil Jefe de la Zona, creo que era Gemas Rojas, era malagueño, a revistar a la fuerza y a los concentrados, y era habitual que cuando terminaba la revista, solía decir que el que tuviese alguna pregunta o petición podía hacerlo cuando terminara de despachar con los oficiales y jefes.

Yo era conocedor de ese detalle y se lo hice saber a mis Tte., quien me dijeron no te preocupes que ya hablamos nosotros con él.

Una vez acabada la revista, despachado con los oficiales y jefes, vinieron mis tenientes,

 “Tejeiro el general autoriza tu pasaporte y mañana sales embarcado para Málaga en el Melillero”.

Para nada eso era lo esperado, les dije: “Como que, en barco, tengo billete abierto de avión que me he pagado yo y hoy sale uno para Málaga, llevo tres días con la maleta hecha esperando poder hablar con el general”.

Volvieron y pusieron al general al corriente, y mando que me llevaran al aeropuerto y me recogieran en Málaga un coche oficial.

Así como ordenó así se cumplió.

Me llevaron al aeropuerto, pues llevaba días con la mochila preparada, deje encargado que me llevaran el cetme a un compañero y para el aeropuerto.

 Al llegar a Málaga a pie de pista me esperaba un Land-Rover, me recogió y a mi casa, terminando así mi estancia de 3 días en Melilla que se convirtieron  en 23.

Los dolores, desaparecieron al llegar a casa, que entre sollozos me recibieron, acabando esta anécdota que, aunque un tanto personal, he querido compartir con el grupo. Pues NO TODOS LOS MOMENTOS DE NUESTRA VIDA MILITAR HAN SIDO BUENOS, ALGUNOS HAN SIDO PENOSOS.

Lo importante es poder contarlo. –

 
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