Un recuerdo, un reconocimiento y una historia de servicio
Hoy, 26 de agosto de 2026, se cumplen 67 años de la creación de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.
Han transcurrido casi siete décadas desde aquel 26 de agosto de 1959 y, durante todo este tiempo, miles de guardias civiles han prestado servicio en sus filas, dedicando buena parte de su vida profesional a una misión que, desde sus comienzos, ha estado marcada por el servicio a los demás, la prevención, el auxilio y la seguridad en nuestras carreteras.
Hablar de la Agrupación de Tráfico es también hablar de sacrificio. A lo largo de estos 67 años han perdido la vida en acto de servicio centenares de compañeros. Entre ellos se encuentran también quienes fueron víctimas del terrorismo, como José Antonio Pardines Arcay, asesinado por ETA el 7 de junio de 1968, cuando prestaba servicio de vigilancia y regulación del tráfico en la provincia de Guipúzcoa. Su nombre forma parte, para siempre, de la historia de la Agrupación y de la Guardia Civil.
La elevada mortalidad sufrida por los componentes de la Agrupación constituye uno de los aspectos más duros de su historia. Y conviene recordar que muchos de aquellos compañeros no perdieron la vida como consecuencia de un accidente mientras conducían su propio vehículo oficial, sino mientras cumplían precisamente con su obligación de proteger y auxiliar a los demás: atendiendo a otros conductores, regulando la circulación en lugares donde previamente se había producido un siniestro, realizando controles de alcoholemia o de transportes, o desempeñando cualquiera de las numerosas tareas que forman parte del servicio diario de un guardia civil de Tráfico.
El riesgo al que se enfrenta un agente de Tráfico no es, por tanto, un riesgo teórico ni una posibilidad remota. Es un riesgo real, permanente y cotidiano.
Nos desplazamos en motocicletas y en vehículos oficiales, logotipados o sin distintivos visibles, integrados en un río inmenso de máquinas que circulan continuamente a nuestro alrededor. El simple hecho de bajar de la motocicleta o del vehículo y poner los pies, vestido de uniforme, sobre el asfalto, supone ya asumir un riesgo.
Porque la carretera no deja de ser una carretera cuando aparece un agente uniformado. El tráfico continúa, los vehículos siguen circulando y, en muchas ocasiones, el agente debe situarse precisamente en aquel lugar donde existe mayor peligro para poder auxiliar, regular, controlar o proteger a los demás.
Por eso, entre los agentes existe una expresión, no necesariamente escrita pero profundamente arraigada en el espíritu de servicio de la especialidad, que resume de alguna manera esa responsabilidad permanente:
Saber llegar, saber auxiliar y saber regresar.
Son palabras sencillas, pero detrás de ellas existe toda una filosofía de servicio. Porque quien sale a la carretera sabe que su misión consiste en ayudar y proteger a los demás, pero también sabe que cada servicio implica enfrentarse a un riesgo real.
A lo largo de varias décadas tuve el honor de prestar servicio en la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. Hoy, después de más de diez años de jubilación, sigo sintiendo un profundo orgullo por haber formado parte de ella. Por eso, este 67.º aniversario tiene para mí un significado muy especial.
Es un día para sentirse orgulloso de aquella Agrupación a la que tantos años de nuestra vida dedicamos, pero también es un día especialmente triste. Es inevitable recordar a todos aquellos compañeros que nos dejaron de una manera trágica y, en demasiados casos, demasiado pronto. Y ese recuerdo adquiere todavía mayor intensidad cuando entre ellos se encuentran compañeros a los que conocimos personalmente, con quienes compartimos destino, servicio, preocupaciones y tantos momentos durante aquellos años.
Pero la memoria de aquellos que ya no están no debe hacernos olvidar tampoco todo lo bueno que nos dejó nuestro paso por la Agrupación.
Guardo extraordinarios recuerdos de una gran cantidad de compañeros con los que tuve la oportunidad de trabajar. Muchos de ellos siguen siendo hoy amigos y, a pesar de que con el paso del tiempo nuestras vidas nos han llevado a distintos lugares de España, continuamos manteniendo contacto prácticamente a diario. Es una muestra más de que determinados vínculos no terminan cuando llega la jubilación ni cuando dejamos de vestir el uniforme.
Los reconocimientos a la Agrupación
Otro de los recuerdos que conservo con especial consideración son los diferentes reconocimientos y distintivos concedidos a la Agrupación de Tráfico a lo largo de su historia.
Estos reconocimientos tienen, además, un significado que va mucho más allá de la propia distinción institucional. Quienes hemos formado parte de la Agrupación sabemos que cada reconocimiento colectivo es también, de alguna manera, el resultado del trabajo, la dedicación y el sacrificio de todos los hombres y mujeres que, durante estos años, han formado parte de ella.
Por ello, quienes prestamos servicio en la Agrupación contribuimos, cada uno desde nuestro puesto y durante nuestro periodo de permanencia, a construir ese reconocimiento colectivo. No son únicamente las instituciones o las unidades las que reciben una distinción: detrás de ellas están los miles de agentes que cada día han salido a las carreteras españolas para cumplir con su obligación.
Entre los reconocimientos colectivos de especial relevancia cabe mencionar la Medalla al Mérito de la Seguridad Vial, en su categoría de Oro y con distintivo Rojo, concedida a la Agrupación mediante el Real Decreto 1468/1985, de 5 de junio, en reconocimiento a
su labor ininterrumpida de auxilio y prevención en las carreteras españolas.
También merece especial mención la Placa al Mérito del Transporte Terrestre, otorgada el 8 de octubre de 1997 por el entonces Ministerio de Fomento, como reconocimiento a la contribución de la Agrupación a la ordenación y fluidez del transporte por carretera.
A estos reconocimientos se suman los concedidos con motivo de diferentes aniversarios de la Agrupación.
En 1984, al cumplirse sus primeros 25 años, se concedió una medalla conmemorativa correspondiente al 25.º aniversario, como recuerdo de aquellas bodas de plata de la Agrupación.
Posteriormente, en 2009, con motivo de sus bodas de oro, se produjeron diferentes reconocimientos institucionales y se acuñó asimismo una medalla conmemorativa del quincuagésimo aniversario.
También forman parte de esta historia los distintivos vinculados a los años de servicio en la Agrupación, entre ellos las categorías correspondientes a los 10 y 20 años de permanencia, que constituyen un reconocimiento visible a la experiencia y a la dedicación de quienes han desarrollado una parte importante de su vida profesional en Tráfico.
Mis propios recuerdos y reconocimientos
Durante mis años de servicio activo también tuve la satisfacción de recibir diferentes reconocimientos, entre ellos felicitaciones públicas de clase A, felicitaciones privadas del director general, placas y distintas medallas.
Sin embargo, existe una de ellas que conservo de una manera especialmente significativa y de la que me siento particularmente orgulloso, no solamente por el reconocimiento personal que representa, sino por todo aquello que simboliza para mí.
Me refiero a la Medalla de Honor, un reconocimiento de ámbito civil promovido por la Asociación Española de la Carretera, institución que creó estas distinciones en 1966 para reconocer la dedicación y la labor desarrollada en favor de las carreteras, las infraestructuras, la movilidad y la seguridad vial.
En mi caso, tuve el honor de recibir este reconocimiento el 12 de junio de 2014, en Madrid, durante el acto celebrado en el salón de actos del Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, situado en la calle Almagro.
Por aquella época, la directora general de Tráfico era la señora María Seguí Gómez.
Recibir aquella distinción vistiendo el uniforme reglamentario de media gala fue, para mí, un momento especialmente emotivo. No lo considero únicamente un reconocimiento a una trayectoria profesional individual. Lo siento también como un reconocimiento a todos aquellos compañeros con los que compartí años de servicio, y a una forma de entender nuestra profesión basada en el compromiso, la responsabilidad y el auxilio a los demás.
Por eso aquella medalla ocupa un lugar muy especial entre los recuerdos que conservo de mi vida profesional.
Una memoria que permanece
Hoy, 26 de agosto de 2026, al cumplirse 67 años de la creación de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, considero justo dedicar unas palabras a quienes hicieron posible su historia.
A quienes estuvieron antes que nosotros.
A quienes compartieron con nosotros los años de servicio.
A quienes continúan actualmente desempeñando su labor en las carreteras españolas.
Y, de manera muy especial, a quienes salieron un día a prestar servicio y nunca pudieron regresar.
Después de tantos años, quienes tuvimos el privilegio de pertenecer a la Agrupación sabemos que el uniforme se puede guardar en un armario y que llega el momento de la jubilación, pero hay cosas que permanecen.
Permanecen los recuerdos. Permanecen los compañeros.
Permanece el sentimiento de pertenencia.
Y permanece, sobre todo, el orgullo de haber formado parte de una Agrupación que durante 67 años ha estado al servicio de los ciudadanos en nuestras carreteras.
Saber llegar, saber auxiliar y saber regresar.
Tres palabras que resumen una manera de entender el servicio y que, para quienes hemos vivido desde dentro la Agrupación de Tráfico, significan mucho más de lo que aparentemente dicen.
ANEXO I – DOCUMENTACIÓN GRÁFICA
Entrega de la Medalla de Honor – 12 de junio de 2014, Madrid.
Fotografía del acto de entrega de la distinción por la directora general de Tráfico.



Antonio Martínez Gómez